Creo que me muero de entusiasmo [Remedios Zafra en #Avivament2018] | VP-2018-09

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Remedios Zafra señala la urgencia de resituar la cultura red para practicar el “pensar en el otro”

Que Remedios Zafra se aproxima a los lectores es algo que saltó a la vista. El MuVIM volvía a llenarse de gente para escucharla en su conferencia “La precariedad y el trabajo creativo en la era digital”. Eran variaciones de su discurso a partir de su libro “El entusiasmo”, Premio Anagrama de Ensayo 2018, cuya temática recuerda a aquella canción de Tortel que da título a esta nota. Libro y conferencia en los que Zafra pone el dedo sobre dos artefactos de esta época: la precariedad (como forma cotidiana de opresión y desarticulación de los vínculos entre iguales, con el olvido de la responsabilidad de lo social como consecuencia), y los ansiolíticos, (como desconexión hacia la ausencia de pensamiento, que nada tiene que ver con quienes “cierran” para “pensar”). Y por sobre todo, la red, donde “reina el imperio de la estadística” y “lo que molesta puede ser fácilmente desactivado”. Su propuesta: una reflexión sobre alianzas y conocimiento. La idea de que “cuando las personas leen, adquieren un gran poder, pero si su destino no fuera individualismo precario y competitivo, si fuéramos capaces de articular lazos, una nueva ética, una necesaria bondad con el otro, conocimiento y alianza serían transformadores”. Para Remedios Zafra, “el urgente pensar en la cultura red no es solamente un ejercicio reflexivo de cada sujeto, sino también un “pensar en el otro”, resituando o imaginando otros vínculos de confianza”. Se refería a un “me importas”, te importo, nos importamos.

Remedios Zafra, pues. Premio de ensayo a pesar de que, como dijo el catedrático de Bellas Artes, Emilio Martínez, “lo suyo no es un ensayo académico pero sí divulgador”. La responsabilidad la achacaba, en parte, a Borges, por la “fascinación compartida” en la dosis de componente literario, y por esa manera que utiliza “para aproximarnos a través de ella a todo lo que tiene que ver con las nuevas condiciones del sujeto en el mundo actual”. Martínez hablaba desde la admiración por su trabajo investigador desde el feminismo y una intensa trayectoria, que toca palos como las bellas artes, la creatividad, la filosofía o la antropología social. Responsabilidad, también, del Festival Avivament, que la traía a Valencia en esta edición de 2018, y era ya la tercera vez que la sevillana este año visitaba esta ciudad. La tarea de Zafra bebe y recoge cierta tradición sobre la sólida base de pensadores como Wolf, Benjamin o Foucault. También Vuk Cosic, Heath Bunting o Adriane Reich.

“Pienso que en Valencia están pasando cosas interesantes. Soy yo la que vengo a veros y no al revés”, señaló a pesar de sus problemas de visión, que le dificultan identificar rostros, aunque no charlas.  Y si en la librería Ramon Llull habló del entusiasmo fabulado en su libro, en el MuVIM departió sobre “Precariedad y época”, y de esa urgencia de pensar cuál es el lugar del pensamiento en la cultura-red, sinónimo de cultura digital. También, de complejidad en un mundo donde la duda y el tiempo reflexivo “son incómodos” en un online desechable y precario. “Son buenos tiempos para ególatras ávidos de ojos que sostengan la cadena de máximas audiencias”, apostillaba.

La dificultad de esta época

“El arte y también la filosofía deben ser capaces de hablar de la dificultad de esta época”, defendía. Para Zafra, la precariedad es “un riesgo de los tiempos que vivimos”. Y a su entender, lo es de muchas maneras. “En los trabajadores creativos, académicos, culturales; por tanto, vinculado al trabajo y a la economía”. Pero también, precariedad en el sentido de vivencia, un riesgo que veía incluso “ecológico, de cultura de usar y tirar, donde la normalización de lo descartable es lo que más desapercibido nos está pasando”, advertía. Y añadía aristas: “la hiperproducción competitiva, la conversión del sujeto en producto y marca de sí mismo, la primacía de la velocidad y la impresión frente a la concentración”.

Zafra citaba a Nicholas Bourriaud para decir que “la precariedad es enemiga de la cultura y el gran enemigo del pensamiento y de la conciencia, los más urgentes para quienes no queremos repetir el mundo sino transformarlo de manera racional y colectiva cuestionando las parcialidades camufladas de verdad”. La conciencia como pregunta que interpela.

La reflexión que recorre su obra reciente incide en “la necesidad de elegir fuerzas creativas frente a las de domesticación”. Enfoque político el suyo para elaborar una suerte de diagnóstico con vocación de alegato y el claro señalamiento que lanza, y se lanza también a sí misma, cual desafío “que tenemos intelectuales, artistas e investigadores cuando cedemos a lo que se espera de nosotros y optamos por la impostura y la inercia frente a la libertad y profundidad del pensamiento”. Una charla para pensar el papel del pensamiento en relación con la academia y el contexto universitario, pero también, de otro lado, con esos dos nodos que rigen entre internet y las políticas neoliberales, que convierten la precariedad en algo normalizado, “que atraviesa cada parcela humana, también la educación y el conocimiento”.

Zafra hablaba de la conformación de un universo cargado de nuevas posibilidades y condicionantes, como la limitación causada por la saturación del exceso del mundo inabarcable de la supuesta horizontalidad de la red. La limitación y la potencia.“El mundo que se estrena de novedad, hipervisibilizado en las pantallas, mediado y entretenido en la imagen propia, falto de confianza en quienes detentan el poder y cansado de antemano como para hacer la revolución….” Son retazos del espejo que mostraba la también autora de los ensayos “Una cuarto propio conectado” y “Ciberespacio y autogestión del yo”, entre otros.

¿Neutralización? Era su pregunta dirigida a los trabajadores creativos e intelectuales que, bajo formas precarias “se ven abocados al encadenamiento de trabajos precarios, operando, además, en pensamiento, velocidad, caducidad y exceso, incapaces, todos, de digerir tanta información falta de contexto. Tanto “marco de fantasía camuflado de ventana a la realidad”, decía. Su pregunta discurre en saber cómo afecta todo esto a las formas de confianza y vínculo colectivo, cuando las inercias nos empujan a nuevas formas de individualismo competitivo, vidas conectadas pero sólo detrás de las pantallas”.

La conferencia finalizó con varias preguntas y tres itinerarios:

  1. Pantalla y pensamiento, en el que Zafra hablaba  de internet como el solapamiento de mundos antes diferenciados; de cómo “nunca, lo que los humanos hemos creído, ha tenido que ver necesariamente con la verdad”, o de qué manera “frente a lo incomprensible y difuso, se opta por lo emocional como lenguaje más asequible”: “cuando todo está bajo sospecha, lo que aparenta mayor grado de realidad es lo que adquiere más valor”, señalaba Remedios Zafra.
  1. Velocidad y abundancia como categorías precarias, en el que la autora reseñaba cómo la red nos transforma, de usuarios a productores. “Acceder a lo que cuentan otros nos facilita poder disponer de un increíble mundo digitalizado y apropiable de experiencias, información, datos y conocimientos, y mucho ruido”. Todo ello, en una estructura horizontal y sólo en apariencia desjerarquizada, ya que, en su opinión, “la red nos devuelve otras formas de poder y una jerarquía justificada en una necesaria gestión del excedente”. Ecuación: la herramienta de búsqueda de google como el nuevo tótem global, en una visibilización del mundo y una invisibilización de la lente. Un itinerario que también la llevaba a analizar la velocidad y el exceso como impecables aliadas del mantenimiento simbólico de modelos conservadores a ser y consumir. “La abundancia puede funcionar como ceguera y censura”, decía, “se equipara lo más visto a lo más valioso”, “la lógica que genera abundancia no puede ser sino estadística”, y advertía, “cuando los números crean valor, valor cultural, hay muchas cosas ocultas detrás”, en referencia al posicionamiento de una estructura de poder. En definitiva, abundancia y velocidad apuntan al mercado como máximo proveedor de criterios culturales. “Lo prescindible en la cultura de mercado se apoya en la creación de nuevas necesidades”, explicaba.
  1. Y su tercer itinerario se refería a la crisis de la academia, “el mundo del que esperamos algo más que una respuesta intelectual y crítica”, dentro del capitalismo y la red. Para Remedios Zafra, la burocratización de la vida cultural arrastra el riesgo de apagamiento de los aspectos del pensamiento más complejos, ambiguos, matizados incluso contradictorios; la pérdida “de lo más valioso”, que para ella es “la libertad que convierte a la creatividad humana en algo transformador”. En su opinión, “el conocimiento libre para interactuar precisa grados de dificultad, ética y sombra. “No podemos prescindir de la imaginación, el titubeo, la crítica y la experimentación, de lo lento y lo reflexivo, que son las grandes víctimas de este viraje a costa de precarizar a sus agentes entusiastas en beneficio de una productividad cedida a los ránkings”. “Restringir las formas de decir restringe las formas de pensar”, añadía. Y es que, en su opinión, “las fallas del entorno laboral acaban afectando a la buena salud del sistema cultural de un país”.| VP-2018-09